Hoy he sentido una punzada de miedo,
miedo leve,
tímido,
pidiendo permiso para asomarse,
mirando alrededor.
¿Y miedo a santo de qué?
Pues,
contesta ahora el miedo
en voz bajita,
miedo a conseguir lo que quiero
y que al conseguirlo
pase algo aterrador.
Es de algún modo más fácil
refugiarse en los sueños.
Los sueños los puedo pintar
de cualquier color,
pero un sueño arropado,
ilusionado,
si un día consiguiese finalmente salir
al escenario que deseaba
con tanto ardor,
puede sentirse desvanecer,
con parálisis,
por darse cuenta
de que la realidad,
lo que es,
está fuera de su control.
